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Diagonal núm.1 08019 Barcelona
Francesc Abad


Las voces bajas del pasado frente a la utopía degenerada
Jordi Font i Agulló


El espacio público como palimpsesto
Ivan Bercedo
Jorge Mestre



¿Quiénes fueron los fusilados?
Marga Gómez


Una nueva e imprevisible experiencia
Dolors Juárez Vives
Jordi Ribas Boldú



Lugares de olvido
Manuel Delgado


El arte y la historia ante la espectacularización del testimonio
Jordi Font i Agulló


Francesc Abad. Experimentación y subalternidad
Josep M. Lluró


Archivo Abierto / Inventario Imposible



De la experiencia del testimonio
Francesc Abad


Associació pro Memòria als Immolats per la llibertat de Catalunya



Las voces bajas del pasado frente a la utopía degenerada (1)


[…] Aquello que impulsa gran parte del arte y la escritura que encarnan la imaginación utópica en nuestra era de supuesta posthistoire y post-utopía es la utopía y el pasado en vez de la utopía y el siglo XXI.

Andreas Huyssen, Recuerdos de la utopía



“El Camp de la Bota”, en manos de Francesc Abad, es el resultado de la materialización parcial en formato expositivo de un proyecto en curso que suscita un trabajo complejo en torno a la fragilidad de la memoria social y la construcción de la historia desde el presente. Sin embargo, esta práctica artística no se plantea a partir de una teorización abstracta de cariz filosófico y especulativo. Obviamente, las reflexiones de carácter general no son desechadas por el artista. Como es sabido, en el decurso de su larga singladura hay múltiples ejemplos de su interés por cuestiones vinculadas a valores éticos y existenciales, siempre situadas en el marco de la controvertida reciprocidad entre civilización y barbarie. En este sentido, tan sólo hay que recordar la importancia que algunos escritores y filósofos como Walter Benjamin, Hannah Arendt, Simone Weill, Paul Celan, Primo Levi… han tenido para el desarrollo de una creación tan singular. No obstante, pese a la presencia de aspectos que ya figuraban en obras anteriores, la particularidad de “El Camp de la Bota” radica en el hecho de que, en esta última producción, Francesc Abad se acerca al legado del pasado y a la evaluación analítica de su repercusión sobre la contemporaneidad a partir de la disección de un caso concreto en un lugar específico: el fusilamiento frío y calculado de mil setecientas cuatro personas entre 1939 y 1952 por parte de la dictadura franquista en el lugar conocido como Camp de la Bota. Un trozo de playa sórdido, una especie de tierra de nadie entre Sant Adrià del Besòs y Barcelona que, pese a su carácter aparentemente insignificante, en el transcurso de los últimos tres siglos ha tenido un papel destacado en el imaginario colectivo de la población barcelonesa y de Cataluña en general.

El reflejo de la trascendencia de la memoria o la amnesia históricas como elementos determinantes en la conformación del capital simbólico imprescindible en los procesos de autoidentificación de los diversos grupos sociales o de la totalidad de una comunidad, constituye el eje sobre el que gira la muestra de Francesc Abad. Indudablemente, un capital simbólico que se transforma con el paso del tiempo y que está expuesto al modelado de la variedad de los discursos en conflicto y, finalmente, también a la coacción y la filtración que ejercen aquellos que, desde el poder instituido, escriben la historia y condicionan su recepción. Con el fin de conseguir la plasmación visual de la relación dialéctica entre pasado, presente y futuro por lo que respecta a la arquitectura de la percepción del conocimiento de los tiempos pretéritos recientes, el artista se sirve de un recurso que se fundamenta en la diseminación espacial del dispositivo archivístico. En pocas palabras, se trata de un archivo presentado en el espacio expositivo de una manera sobria y sin artificios. En primera instancia, lo que se aprecia es que el ánimo del creador no está regido por la exhaustividad y la precisión en la transferencia de los datos y los hechos. Esta actitud se distingue mediante un montaje casi mínimo y extremamente desnudo que persigue la consecución de un efecto alegórico que ultrapasa lo que es puramente la suma de datos.

De este modo, desde una posición que finge que el artista sólo actúa como mediador en la estructuración de los materiales, se detecta sutilmente su huella y siempre da la impresión de que su rol queda limitado a una radicación subalterna en relación con los verdaderos protagonistas: los documentos y la voz/imagen de los testimonios reproducida en una proyección de DVD.

Una potencialidad que se deriva de la utilización de un instrumento como el archivo es el trazado de una genealogía del lugar llamado el Camp de la Bota. Lo que significa llevar a cabo un recorrido que se inicia a principios del siglo XVIII hasta llegar a uno de los propósitos de la exposición: la restitución de una memoria justa hacia las víctimas de la brutalidad del régimen franquista. Por este motivo, uno de los materiales centrales del archivo —juntamente con documentación fotográfica y gráfica sobre el Forum Universal de las Culturas 2004— son las listas completas que reúnen el conjunto de las personas inmoladas en el Camp de la Bota y, de una forma más cualitativa, el testimonio oral y visual de siete informantes que hablan sin tapujos de sus familiares asesinados.

Sin embargo, la finalidad de Francesc Abad no es sólo la dignificación del combate antifranquista y el reconocimiento de la deuda ética respecto a los sacrificados. Esta operación por ella misma debería considerarse lo suficientemente importante, pero afortunadamente se complementa con un segundo paso igual de ambicioso. El Camp de la Bota es el principal emplazamiento del supuestamente mayor acontecimiento del año: el Forum Universal de las Culturas 2004. Por consiguiente, teniendo en cuenta esta circunstancia, el artista se hace eco de una cuestión primordial en las sociedades contemporáneas como es el uso de la cultura con la finalidad de alcanzar la legitimación del actual estado de las cosas.

Un fenómeno que, a la vez, también conlleva que la cultura sea utilizada para confeccionar la proyección de un determinado pasado —de acuerdo con los intereses de las clases dominantes— desde el tiempo presente. En este sentido, hay que hablar de un pasado que no permanece inmune a las presiones de la profunda comercialización de nuestra cotidianidad. Cosa que suele ir vinculada a la propagación del olvido entre el tejido social, ya que se percibe como un proceso necesario para una sociedad que pretende ilusoriamente desterrar los conflictos de su horizonte. Tanto los que se generan en la actualidad como los que se heredan no convienen a la ideología que hoy se erige como hegemónica en el contexto del Occidente capitalista y que ha convertido el consumo y la diversión en un paradigma existencial. En consecuencia, la plasmación de un objetivo de tal magnitud sólo puede prosperar mediante la proliferación de la farsa como norma en la relación con los episodios más trágicos de la historia reciente. Estos recursos y maniobras de encubrimiento quedan en evidencia con el análisis sociopolítico, histórico y estético que Francesc Abad formaliza. El Camp de la Bota, además de haber sido el antiguo campo de tiro de una escuela de artillería en el siglo XIX, fue también el paraje donde se produjo la ejecución de casi dos mil personas durante el franquismo. Tampoco se puede ocultar, pese a las toneladas de cemento vertidas en aquel sitio y pese a que el diseño y la arquitectura más ultramodernos ejerzan de agentes difusores de efectos amnésicos, que hasta hace escasas décadas el barraquismo y la marginación social reinaban en este recoveco suburbano saturado de polución. Por lo tanto, en la exposición, lo que se pone sobre la mesa es “cómo” lo que debería ser indiscutiblemente un “lugar de la memoria” de la democracia y de la resistencia antifranquista de nuestro país ha acabado desapareciendo diluido en el mar de confusión y celebración del Forum Universal de las Culturas 2004.

Uno de los méritos de la muestra se basa sobre todo en el hecho de que, a través del seguimiento histórico de un entorno físico carismático y muy singular, abre el camino para extraer lecciones de tipo general sobre el encaje que tiene actualmente la cultura en el sistema tardocapitalista. De esta manera, se deduce que la urdimbre de grandes acontecimientos de signo cultural, como es el caso del Forum en Barcelona, constituye un factor estratégico de gran envergadura. En primer lugar, porque permiten disimular movimientos económicos propensos al incremento de la desigualdad social y de la especulación en el terreno urbanístico. Y, en segundo término, porque, gracias a la asociación lucrativa de la cultura con el entretenimiento, posibilitan soslayar e incluso exculpar lo más injustificable. La conclusión de toda esta cuestión es que el Forum Universal de las Culturas evidencia que, en nombre de la cultura, pueden construirse, por un lado, auténticas mistificaciones en torno a los intereses económicos particulares y, por otro, socavar valores irrenunciables como la paz, la no-violencia y la convivencia de las diferencias mediante su aprovechamiento banal y propagandístico.

Con “El Camp de la Bota”, Francesc Abad no exterioriza de manera simplista una actitud frontal antiForum 2004, sino que va más allá al subrayar las paradojas, manipulaciones y descuidos en que incurren los diseñadores de las magnas programaciones culturales, siempre bajo la estela del pretendido progreso modernizador. Por esta razón, a su entender, resulta tan necesario recobrar las voces bajas del pasado que sacuden los excesos de autocomplacencia que impregnan el presente hipermercantilizado. Una etapa concebida por los ideólogos del capitalismo multinacional como un punto y final, en el que la flecha del progreso habría llegado a su objetivo: la creación de un espacio feliz, armónico, sin conflictos, en el que la historia se identifica con un pasado mítico que se incorpora, sin prejuicios de ningún tipo, al universo de las mercancías. Como remarca acertadamente el geógrafo David Harvey, estamos amenazados por la extensión general de las “utopías degeneradas” que, en forma de centros comerciales o parques temáticos, nos separan engañosamente, mediante la expansión de unas graves secuelas alienantes, de la complejidad del mundo real. El Forum Universal de las Culturas, pese a la retórica de buenas intenciones, se acerca efectivamente a este modelo.

En resumen, hay que destacar que Francesc Abad propone una lectura crítica en torno al papel político y económico que tiene la cultura en el marco postmoderno del Occidente capitalista y, simultáneamente, ayuda a recuperar y mantener viva la memoria relegada al olvido de las víctimas de la represión fascista. Sin duda, esta última cuestión constituye la prueba fehaciente de las fracturas que contiene el discurso hipotéticamente utópico que se cimienta en la modernización sin freno y la deshistorización absoluta. En consonancia con todo lo comentado, el acto creativo de Francesc Abad recuerda mucho aquello que Andreas Huyssen advierte como significativo de algunas de las producciones estéticas más sugerentes de las dos últimas décadas y que no es otra cosa que un giro hacia la historia. Es decir, el viraje en dirección al pasado debe entreverse como la búsqueda de un nuevo anclaje sólido, con el fin de adquirir unos complementos críticos para afrontar la ofensiva del presentismo preeminente, vinculado a la ocultación de lo conflictivo y al fomento del mercadeo. Verdaderamente, todos estos aspectos positivos afloran en el proyecto “El Camp de la Bota”. Y de todo el conjunto, lo que se manifiesta como más relevante es que esta reconquista de la memoria democrática no se circunscribe a una recreación lírica ñoña, ni mucho menos a una representación de sensibilidad kitsch que aspira a revivir literalmente aquel pasado. Tampoco deriva hacia concepciones monumentalistas con el fin de recluir esta memoria en una especie de mausoleo. Por el contrario, aporta elementos para que esta incursión en el pasado se convierta en un conocimiento histórico serio, en el que prevalezca una mirada retrospectiva justa y una conexión viva con el presente.

Al fin y al cabo, un derecho civil innegociable que frecuentemente pasa a un segundo plano en beneficio de cuestionables operaciones de mercadotecnia urbanística que se enmascaran mediante un uso trivial de la cultura.



Jordi Font Agulló





(1) Este texto fue publicado originariamente en el catálogo El Camp de la Bota, editado con motivo de la exposición de Francesc Abad que tuvo lugar en la Fundació Espais d’Art Contemporani (Girona) entre el 2 de abril y el 30 de abril de 2004. Para comprender y situar algunas de las referencias que aparecen en el texto, hay que tener en cuenta el marco temporal en que se realizó la exposición. Un momento en el que la celebración del “Forum Universal de las Culturas” en Barcelona disfrutaba de una resonancia pública y era el centro de numerosas polémicas.